jueves, 10 de diciembre de 2015

EN "LOS 7 LOCOS", CONDUCIDO POR CRISTINA MUCCI

Hablamos con Cristina Mucci sobre mi libro "Mi patria es el escenario - Biografía a dos voces de Juan Carlos Gené".
Fue en el programa "Los 7 locos", que se emitió el sábado 28 de noviembre de 2015, pero lo subo a mi blog recién ahora, consecuencia de los días intensos que siguieron a las elecciones presidenciales del 25/11.
A veces el teatro cede protagonismo a la llamada realidad. Es que los lenguajes de la poesía en cualquiera de sus formas contienen, interpretan y traducen lo real para permitir que la a veces absurda apariencia del presente pueda ser comprendida en el porvenir. En estos días, la fábula del "Flautista de Hamelin" parece resignificarse en la Argentina donde millones marcharon libremente (¿libremente?) a su suicidio al votar en contra de sus propios intereses. Fueron inducidos no ya por el metafórico flautista sino por la prédica lobotomizante de la corporación mediática.
Hoy ya no tenemos con nosotros a Juan Carlos Gené para que nos esclarezca con la luz y el dramatismo de su pensamiento acerca de los acontecimientos actuales. Pero acaso nos sirva releer su reflexión que en el libro incluí en la página 160, donde proyecta posibles medidas de rescate para el país que se hundía en 2000/1 y evalúa los resultados de las gestiones de gobierno de Néstor Kirchner y Cristina Fernández de Kirchner en el año 2011, cuando faltaba menos de un mes para que su arte y su sabiduría nos dejara definitivamente. Para quienes no quieran o no puedan leer esas párrafos del libro, los pego debajo del video.



De "Mi patria es el escenario" (pág. 160 y sigs.), textual de Juan Carlos Gené:

Febrero de 2002

Justicia social, independencia económica, soberanía política

Quizá, de las tres banderas tradicionales del peronismo, es hoy la soberanía la que parece un concepto anacrónico en un mundo cuyas porosidades destrozan fronteras geográficas, sistemas económicos y culturales, con la misma facilidad e idéntica impunidad.

            Sin embargo, creo hay un punto clave donde los países marginales podemos apoyar el concepto de soberanía con vigencia actual y es el relativo al fortalecimiento del Estado como expresión política de la Nación. Precisamente cuando los medios baten el parche del desprestigio del que llaman estado benefactor, adjudicándole un carácter demasiado parecido  al caritativo (como si la seguridad social, el pleno empleo, la salud, la educación, la vivienda y el retiro digno, hubiesen dejado de ser derechos universales para devenir limosnas sólo sustentables cuando algo sobra), creo debemos recuperar el concepto de estado responsable. Ya que no sólo los nombrados son derechos reconocidos como tales en más o menos todo el mundo, sino en nuestra Constitución.

            Sólo que los preceptos constitucionales se han reducido a palabras sin sentido, cuando simultáneamente con la operación de incorporar tales derechos a la ley supuestamente fundamental de l994, se procedía al desarme sistemático de todas las estructuras del Estado Nacional que, de alguna manera pudiesen significar un obstáculo al delirio privatizador que impuso la filosofía económica del Proceso, que dejó esa herencia obligatoria para los sucesores democráticos.

            Si en algo deberíamos y creo podríamos, recuperar soberanía, es en comenzar a reconstruir el Estado como expresión activa de esa soberanía.

            El momento parece oportuno, porque el país, al tocar el fondo de la catástrofe y comprobar que todo ha sido hecho para el desmantelamiento de Estado, economía, tejido social, organizaciones populares y personalidad cultural, despierta colectivamente de un sueño inducido, para descubrir que hemos sido despojados hasta niveles inconcebibles.

En mi opinión de simple ciudadano nada especializado  en cuestiones económicas y en tramas de poder, me parece que los basamentos del despojo son dos: destrucción de todo el aparato productivo propio y sostenimiento de un sistema de zona liberada para las aventuras del capital financiero, con la correspondiente estimulación de la única fuente posible de alimentación  de un régimen especulativo que sólo tiene la alternativa de endeudarse sin fin, para pagar sin fin una deuda sin fin posible. Y como llave maestra, la privatización de las empresas del Estado que, de la noche a la mañana, convirtieron mágicamente su  proverbial y pesadísimo déficit, en rentabilidades sorprendentes (cuando no fueron vaciadas  expresamente por sus adquirentes, como en el caso de Aerolíneas Argentinas –que, de paso sea dicho, no era deficitaria y fue el ejemplo de una privatización escandalosa con per saltum de la SCJ y todo, como podemos decir también de paso, que  tampoco Gas del Estado era deficitaria en el momento de su entrega...)                                         

            Por supuesto, dar marcha atrás en la privatización de los empresas del Estado, resultaría un objetivo de máxima de naturaleza quimérica, porque dependería de la fuerza de un Estado con el poder necesario para enfrentar los intereses enormes que están en juego. Pero como se trata de una de las piezas maestras del despojo, creo posibles correcciones urgentes de las condiciones en que esas empresas desarrollan su actividad, partiendo, con igual urgencia  de la construcción o reconstrucción de los entes de control estatal, sobre las instituciones privatizadas: cánones e impuestos que no se pagan,

inversiones obligadas por contrato que no se cumplen, servicios públicos cada vez más deficientes, quiebras y convocatorias de acreedores de empresas que, desmintiendo las mitologías sobre la eficiencia del capital privado, fracasan y reclaman el socorro del Estado o amenazan abandonar las concesiones junto con los servicios.

            Si bien en todas las empresas privatizadas y en mayor o menor medida, tales desórdenes están a la orden del día, es demasiado llamativo el caso de los ferrocarriles, ya sea urbanos o de larga distancia, que le cuestan al Estado, en subsidios, cantidades que superan en mucho el déficit que le significaban ser su propietario.

            Es inevitable asociar el tema al más general de la corrupción, pues no se trata en todo esto sino de corrupción, abuso, incumplimiento de deberes de funcionarios, cuando no de complicidades que en todos los casos, pueden y deben dar lugar a la acción pública.

            Se da así la paradoja de que los entes controladores tiene que ser controlados y la propuesta de que  las organizaciones de derechos humanos junto con el Colegio de Abogados, constituyan una Comisión Investigadora con apoyo internacional, parece aceptable, posible y recomendable.

            Naturalmente, existe un acceso al parecer indispensable a toda posible acción recuperadora del poder del Estado, y es la remoción de la actual Suprema Corte de Justicia y, en ese sentido, el juicio político es el único camino institucional posible para lograrlo.

            Multinacionales y bancos, que han sido los beneficiarios escandalosos del último decenio de aplicación rabiosa de las ortodoxia neoliberal globalizadora, deben terminar este monopolio de poder que nos ha destruido y que ha llegado a la última rapiña con la incautación de la totalidad del dinero argentino que antes ellos no lograron remitir al exterior. No puede haber ajustes de tarifas de servicios públicos en dólares, y menos orientadas por la inflación en USA y la presión popular debe insistir en el impuesto a la exportación petrolera, del que se comenzó exigiendo rigiese inmediatamente y del que cada día se habla menos.

            El Banco Central debe regular y controlar todas las operaciones de las entidades financieras que a esa autoridad deben quedar subordinadas Y como hablamos de entidades financieras, no podemos eludir el tema de las AFJP y de la necesidad del retorno al sistema estatal de reparto, así como de la reimplantación de los aportes patronales, que al ser eliminados para crear trabajo más flexiblemente, lograron, junto con un aumento desesperante de la desocupación, otro semejante del déficit del Estado.

            Dos reformas impositivas son indispensables: el impuesto único (modelo inglés) y coyuntural, a todas las empresas privatizadas y el impuesto a las inversiones financieras no productivas (que internacionalmente es conocido como Tasa Tobin). Y por supuesto y definitivamente, la reforma impositiva debe hacer recaer seriamente las mayores cargas sobre los que más tienen y terminar también y definitivamente con la gran evasión.

            La deuda pública, cuya ilegitimidad ha sido ya ventilada en toda clase de foros internacionales y publicaciones especializadas, fue además declarada fraudulenta en su mayor parte por un fallo judicial. Sin embargo, la opinión pública no parece tomar conciencia de que se trata de la estructura misma del robo a la Nación. La deuda ha sido ya  pagada varias veces y el cambio radical e inmediato de relación del Estado con los titulados acreedores forma parte de una estrategia obligada de nuestra política internacional. Como la negativa a entrar en el ALCA, y a toda respuesta de automática adhesión a la política internacional de USA.

Creemos posible sustituir el financiamiento externo de nuestras necesidades con el producto de la exportación orgánicamente estructurada y orientada por el Estado y con legislación impositiva, todo ello en un marco simultáneo y también urgente de sustitución y limitación de importaciones.

Creemos que tal política podría reactivar seriamente el mercado interno, crear fuentes de trabajo y equilibrar el inmenso déficit social que agobia a las capas más sumergidas de la población.

De la reforma política.

Todas las medidas que creemos posibles, lo son  si existe el Estado con el poder necesario para realizarlas. El quiebre presente entre el pueblo y los partidos y dirigentes por los que aquel ya no se siente representado, ha llevado la crisis a un punto muy grave. La movilización popular permanente no encuentra hasta ahora una expresión política organizada; el momento reviste la peligrosidad de las instancias aptas para las irrupciones de mesianismos de derecha o de izquierda. Mucho más cuando la centrales del poder siembran sobre Argentina alarmas que no se refieren al sufrimiento de un pueblo

saqueado, sino a los peligros del desorden, el caos y el populismo. Y tenemos ya la suficiente experiencia para adivinar detrás de tales diagnósticos advertencias sobre derivaciones graves de esta situación.

            El Gobierno ha convocado a elecciones, intenta achicar el costo de la política, reformar la constitución y, en fin, cambiar formas que no hacen al fondo de la cuestión.

            La movilización popular no debe detenerse, pero es ella quien debe intentar detener el régimen del clientelismo político, quien debe reclamar la revitalización de las economías regionales y la conformación de nuevas organizaciones políticas, pese al brevísimo período que nos separa ya de las elecciones (septiembre 2003). Pero si algo debe estar claro es que el bipartidismo (peronismo-radicalismo) ha dejado de existir y que, como se dice con exactitud, tenemos un sólo partido con dos alas derechas. Para el peronismo, como memoria y vivencia de lucha por la justicia social y la independencia económica y política del país, creemos debe quedar claro que, en todo sentido, ha vuelto a regir el diagnóstico de Jauretche: “A barajar y a dar de nuevo”.

Diciembre de 2011

Al releer este informe veo que una parte esencial de las políticas propuestas ha sido llevada a cabo por las presidencias sucesivas de Néstor Kirchner y de Cristina Fernández de Kirchner, incluso dando, en algunos aspectos, pasos más abarcadores de lo que el documento está señalando."

 

lunes, 16 de noviembre de 2015

PEPE SORIANO


PARECE MAGIA, PERO ES TEATRO
 


No fue magia. ¿No? No, si por magia se entiende algo sobrenatural, efecto fabuloso de algún poder no humano. Pero lo que produjo Pepe Soriano cuando recitó un pasaje de El inglés en el acto de presentación de mi libro Mi patria es el escenario – Biografía a dos voces de Juan Carlos Gené fue un efecto que bien podríamos llamar fabuloso. Aunque a la vez fue definitiva y vibrantemente humano; un momento teatral superlativo, de esos que pocas veces ocurren en el escenario aunque la calidad artística sea inobjetable. De esos que detienen el aliento de una platea entera y hacen pensar que la perfección es posible. De esos que han dado origen a la frase “la magia del teatro”, ya convertida en lugar común por el uso indiscriminado.

La sala 307 del Centro Cultural Kirchner estaba llena el último 3 de noviembre y hasta había público de pie, integrado por gente del circuito teatral, artistas que se formaron o trabajaron con Gené y, como suele ocurrir en este tipo de eventos, familiares y amigos del autor --la autora en este caso--, no necesariamente vinculados al palo de las artes escénicas. Unos y otros, con seguridad, catalogables como público cautivo, por su afinidad con el asunto del libro y con el personaje al que está dedicado. Esa misma condición, el hecho de que la razón convocante fuera claramente el homenaje y no la polémica, hacía que todo fuera más o menos previsible. Todos íbamos a estar de acuerdo en honrar la memoria del hombre de teatro muerto casi cuatro años atrás. Y esa ausencia de conflicto podía orientar el acto hacia la solemnidad, la complacencia edulcorada o el aburrimiento. Para eludir esos peligros, concebimos con Pablo Zunino, prologuista del libro y conductor del encuentro, una dinámica que evitara la oratoria pomposa y se apoyara más en las imágenes multimedia y en el diálogo con los panelistas, nada menos que Verónica Oddó, la enorme actriz chilena, musa y compañera de vida del homenajeado, y el igualmente prodigioso actor Pepe Soriano, amigo personal con quien compartió Gené escenarios, pantallas y aventuras artísticas e ideológicas a lo largo de varias décadas. Con los testimonios de esas dos figuras, pares tan cercanos como ilustres de Juan Carlos Gené, la presentación del libro tendría la naturalidad y el encanto de lo genuino. Y como si eso fuera poco, Pepe entregaría un plus, recitando la Milonga para mis muertes, pasaje de aquel espectáculo dramático musical que escribió Gené, musicalizaron Rubén Verna y Oscar Cardozo Ocampo e interpretaron Soriano y el Cuarteto Zupay en los primeros setentas.

El inglés toma como referencia temática las Invasiones Inglesas de 1806 y la heroica resistencia popular que logró la Reconquista, pero es un claro alegato antiimperialista concebido y estrenado en tiempos signados por los golpes de Estado militares en América Latina. Y en vísperas del que, en la Argentina, entre 1976 y 1983, desataría el peor genocidio de nuestra historia. En la obra, Soriano encarnaba a varios personajes. Uno de ellos es la Nación, “la formidable criatura que engendra la indestructible pareja  que forman el Pueblo y la Tierra”, como el mismo Gené escribió en el prólogo de la edición discográfica que se editó en 1983. Como alegoría de la Nación, el actor cantaba y recitaba esa Milonga…, acompañado por la guitarra de Mauricio Cardozo Ocampo. Los versos hablan del destino de la Nación, obligada a morir una y otra vez a manos de la codicia imperial pero dispuesta a resucitar otra tantas veces gracias a la conciencia y el coraje del Pueblo.

Volver a poner en escena aquel breve pero intensísimo momento dramático en la voz y la interpretación del mismo Soriano, a más de cuarenta años de su estreno, me pareció un lujo que excedía los posibles méritos del libro que presentaba. La generosidad de Pepe al aceptar la idea colmaba con creces mis aspiraciones. Descartaba que un actor de sus kilates haría con impecable profesionalismo ese brevísimo fragmento de la obra. Pero no, lo que entregó fue más, muchísimo más que profesionalismo. Cuando en la charla de los panelistas se mencionó El inglés, el conductor invitó a Soriano a que evocara las circunstancias de aquel estreno. La respuesta pasó del relato anecdótico al recitado casi sin solución de continuidad. Mientras refería el cómo y el cuándo del país en el que, junto a Gené y a los Zupay, cabalgó el potro de aquella aventura escénica, Pepe Soriano se fue poniendo de pie con un extraño fervor y, sin que quienes lo mirábamos advirtiéramos la transición entre lo que contaba la persona y lo que pasó a recitar el personaje,  todos fuimos transportados a un territorio poético inefable, que no puede describirse en este texto pero sí pudo experimentarse en la sensibilidad y la vivencia física de todos los espectadores. Con el acompañamiento de los acordes exquisitos de la guitarra de María Millán, el actor, magnífico en sus nobles, vigorosos 85 años, empezó a crecer, a vibrar y a transformar esos versos escritos hace décadas en un alegato de insospechada vigencia. “Porque mi historia, señores, es la historia del país, / cosas que el suelo ha sufrido, cosas que con él sufrí. / Tierra contra el extranjero, extranjero contra tierra, / la tierra quiere su vida, los de afuera, su dinero…”, decía Pepe Soriano y la sala, en silencio hechizado, tensaba una emoción que, al final, estalló en un aplauso de pie mientras varios secaban sus ojos sin disimulo.

En el final del capítulo 8 del libro que allí se presentaba, Juan Carlos Gené nos aproxima una posible explicación de lo que intento describir. Dice allí de su amigo Pepe Soriano que “ha sido siempre exigente con la profesión,  comprometido en su ejercicio y fuera de él, con la justicia y la dignidad de los seres humanos. Ha sentido siempre que el afecto de la gente le impone una devolución que nunca siente haya sido cumplida. Y todo esto en un artista que ha llegado a todos los confines de la profesión, desde el repertorio más sofisticado al circo, el music-hall y la comedia musical, los personajes de raigambre popular que supo crear para la televisión, el cine de varios países, la actividad gremial y solidaria y su presencia siempre reconfortante en el medio.

               ¿De qué otra manera que a través de esa formidable escuela de la experiencia actoral, podría haber interpretado a diecisiete personajes distintos en un mismo espectáculo, como cuando con él y el Cuarteto Zupay creamos El Inglés? Tuvo que haber frecuentado a Molière y a Schiller, a Lope de Vega y a Brecht, para crear  en la televisión el tiernísimo Don Berto, el jubilado marginado por sociedad y familia, tan italiano como un enorme porcentaje de nuestras familias y tan cómico y trágico como la misma realidad. Los ejemplos de su creatividad, de su corporalidad absoluta, de su ser en el escenario, podrían multiplicarse por cifras enormes.”

Lo decía el amigo Juan Carlos Gené pero, sobre todo, uno de los más sabios y exigentes hombres de teatro que conoció la escena hispanohablante. El mismo que entendía el teatro con un ritual asociado a lo sagrado, al misterio y a la trascendencia.

Y hoy, cuando el país está a punto de vivir una jornada crucial que puede definir, una vez más, otra de sus muertes o de sus resurrecciones,  lo de Pepe y su Milonga para mis muertes no fue magia. Queda claro, fue teatro.

 

 

viernes, 30 de octubre de 2015

RIESGO PAÍS

A amigos y amigas, a parientes, conocidos y desconocidos que leen esto y que detestan a Cristina, que consideran infumable a Scioli o que no se sienten representados por el peronismo, el kirchnerismo o cualquier "-ismo" en juego. A todas y todos les pido que este 22 de noviembre pongan en el sobre la voluntad de no renunciar a derechos que no teníamos en 2000/1 y que hoy hay que defender porque están en riesgo si gana Macri. ¡Qué digo, no están en riesgo sino que se perderán con seguridad porque así se ha comprometido el candidato con los sectores económicos que detentan el poder real! ¡Sólo basta con recordar afirmaciones del mismo Macri y/o de sus asesores económicos! Los salarios no se fijarán en paritarias libres, el dólar lo fijará el mercado, es decir las grandes empresas en detrimento de la industria nacional; cerrarán pymes y se perderán puestos de trabajo, la llamada inversión extranjera generará otra vez una deuda externa que someterá nuestra soberanía; volveremos a perder científicos que emigrarán o se irán a "lavar platos", la escuela pública y la salud pública perderán presupuesto porque, como bien dijo Macri "hay que bajar el gasto social"; será altamente improbable que se siga persiguiendo el trabajo esclavo cuando la posible "primera dama" sea a la vez quien regentea empresas que lo utilizan; será difícil seguir defendiendo los derechos a la libertad de género si Macri considera que los homosexuales son "enfermos"; difícilmente se respeten los derechos de la mujer si Macri considera que a las mujeres les gusta que les digan "qué lindo culo tenés, mamita"; la seguridad estará en manos de fuerzas que reprimieron con violencia inhumana a enfermos y médicos de un neuropsiquiátrico; la salud, en manos de quien redujo el presupuesto del Garrahan; la cultura, en manos de quien despidió músicos del Colón, cerró talleres gratuitos y centros culturales, o utilizó ámbitos como el Colón o el Teatro San Martín para eventos empresarios; los derechos humanos estarán en manos de quien vetó una ley para garantizar la prevención de esos derechos; y las arcas del Estado (de donde sale la financiación de todos esos derechos en riesgo) se vaciarán cuando, como prometió el mismo Macri, se le pague a Griesa y sus buitres, peso sobre peso, la deuda usurera y criminal que exigen, pago que se hará, ya lo han dicho él y sus secuaces, contrayendo más deuda. Por todo eso y muchísimo más que nuestra historia como país ya vivió pero que inexorablemente sería peor aún, les pido a todos que voten Scioli-Zannini. Insisto, no importa cuán grande sea la grieta que nos separa a quienes consideramos que lós doce años de kirchnerismo son lo mejor que nos pudo pasar a los argentinos y quienes, enfrente pero no en la antipatria, piensan que Cristina es una yegua o que Scioli es un incapaz. En esta instancia crucial es urgente unirnos para salvarnos. Con Macri sería demasiado tarde. Porque Macri no sería sino el gerente, el empleado del Departamento de Estado de los EEUU, como de distintos modos ya lo ha declarado. Y ahí sí, sólo habrá futuro para el 1 % mientras que ustedes y nosotros, los que odian y los que amamos a Cristina, los que confíamos y los que desconfían de Scioli, todos los que integramos el 99 % restante nos iremos a la lona. Por eso, ¡votemos a Scioli! No están en riesgo las preferencias partidarias o ideológicas, ¡está en riesgo la supervivencia del país!

viernes, 9 de octubre de 2015

"MI PATRIA ES EL ESCENARIO"


Ediciones Corregidor tiene el agrado de invitarlos a la presentación del libro de 
OLGA COSENTINO
"MI PATRIA ES EL ESCENARIO -
BIOGRAFÍA A DOS VOCES DE 
JUAN CARLOS GENÉ"
Los esperamos el martes 3 de noviembre a las 19 en la Sala Federal del Centro Cultural Kirchner, Sarmiento 151, CABA.
La autora dialogará con la actriz Verónica Oddó, compañera de Gené en la vida y el teatro, y con el actor Pepe Soriano, quien interpretará un fragmento de la obra “El inglés” con acompañamiento musical de la guitarrista María Millán. La actriz Milagros Plaza Díaz leerá pasajes del libro. Conducirá el periodista, psicoanalista y escritor Pablo Zunino

 
 
MI PATRIA ES EL ESCENARIO. BIOGRAFÍA A DOS VOCES DE JUAN CARLOS GENÉ. Olga Cosentino. 978-950-05-3085-9. 208 págs. 15,5 x 22,5 cm. $220.

Hombre de la escena en el más amplio sentido del término (actor, autor, director, maestro, pensador, fundador de grupos teatrales, gestor cultural), Juan Carlos Gené fue en vida y sigue siendo una personalidad inabarcable. Su riqueza y complejidad artística y humana desborda cualquier pretensión biográfica. Por eso mismo, todos y cada uno de los intentos orientados a retener la huella de su trayectoria vital y artística terminan por ser, desde el más modesto hasta el más enjundioso, tan insuficientes como necesarios.
En este caso, la semblanza del autor de El herrero y el diablo o de Ulf surge de un diálogo amistoso combinado con anécdotas, reseñas de espectáculos, textos teóricos y confesionales, fotos, cartas y testimonios de algunas personas de su círculo íntimo como sus hijos Hernán, Paula y Valeria, o como la actriz Verónica Oddó, su musa y compañera en la escena y en la vida durante sus últimos treinta años.

"MADRE SIN PAÑUELO", DE JORGE PALANT, SE ESTRENÓ EN ITALIA


 Repercusiones en Roma de la obra teatral del autor argentino
Por Ernesto Pérez ROMA, 4 (ANSA) - Un hermoso texto teatral del dramaturgo argentino Jorge Palant, que trata de temas como el perdón, el olvido y la venganza, "Madre sin pañuelo", tuvo un preestreno en Roma, en un teatro del activo Centro Cultural Artemisia. Luego de una premiere en Roma el 3 y el 4 de octubre, tendrá su estreno oficial, en concomitancia con la Expo de Milán, el 22 y 23 de octubre en el Spazio Mille de esa ciudad, para volver a Roma, a fin de mes, a un breve ciclo de representaciones.
    La historia de una madre que no se resigna a ver al asesino de su hija caminando impune por las calles de Buenos Aires y medita una venganza a través de un escritor, es interpretada por una veterana actriz italiana de cine, teatro y televisión, Lydia Biondi, y por el actor argentino, Fernando Cormick, residente hace 20 años en Italia.
    La traducción, literal pero adecuada a la musicalidad del idioma italiano, es de Daniela Tosco, mientras la dirección de Giovanni Morassutti evitó la congelación de la acción en la que hubiera podido caer este radiodrama confiado a solo dos voces, gracias a imágenes de película y letreros que explican a un público italiano el drama de los desaparecidos argentinos.
    La obra está ambientada en un despojado decorado de una humilde vivienda, con una mesa, dos sillas, un armario con partituras musicales y un sillón iluminado con una lámpara, que subraya la ausencia de un padre muerto de dolor.
    Allí una madre sin pañuelo, que no se resigna a la injusticia, se encuentra con un escritor, a quien le confía su amarga impotencia por la impunidad de la que goza el secuestrador, torturador y asesino de su hija.
    Incapaz de hacer justicia por su propia mano, la mujer encontrará por otros caminos la fuerza de vengar la muerte de su única hija.
    Lydia Biondi, salida de los grupitos de vanguardia romanos que hace 40 años renovaron completamente el teatro italiano, encarna con pasión y exacta mesura el difícil rol de una madre, vaciada de toda pasión que no sea la de vengar la muerte de su hija, su marido y de ella misma.
    A su lado, en lo que es fundamentalmente un simple rol interlocutor pero al que Palant ha confiado un monólogo de gran impacto dramático, se luce Fernando Cormick, también él activo en cine, teatro y televisión en una carrera que abarca ambas orillas del Atlántico.
    El joven Morassutti, que se formó en la escuela de excelentes profesores norteamericanos como Susan y John Strasberg y fue asistente de grandes nombres del cine y el teatro como Gus Van Sant y Juan Diego Puerta López, había dirigido a Biondi en "Sola in casa", de Dino Buzzati, representada en Roma y Nueva York.
    Con esta obra demuestra su particular don de avivar una escena claustrofóbica.
    Palant, psiquiatra además de dramaturgo, borda una original variante del tema de los desaparecidos y en apenas 45 minutos agota las posibilidades de un conflicto antiguo y universal. PN/MRZ 

04/10/2015 18:26 

domingo, 4 de octubre de 2015

EDUARDO "TATO" PAVLOVSKY

HOY, DOMINGO 4 DE OCTUBRE, SE NOS FUE UN IMPRESCINDIBLE

La vida de Eduardo Pavlovsky compartió siempre su itinerario con la del país. Fue una interacción a veces polémica, siempre iluminadora de las alternancias y paradojas de dictaduras y democracias, decadencia y florecimiento, realismo y vanguardia, miseria y opulencia, complicidades y enfrentamientos que caracterizan a la Argentina desde la segunda mitad del pasado siglo hasta acá.

En el repaso de los cruces entre su inicial vocación psicoanalítica, la ruptura con la ortodoxia de la especialidad, el juvenil descubrimiento del teatro tras una reveladora representación de Esperando a Godot, y el inmediato ingreso a una exitosa carrera como actor y dramaturgo que continúa hoy con indeclinable vigor creativo, cada una de esas instancias está profundamente implicada en las otras. Y al autor de Rojos globos rojos le gusta destacar que lo teatral le permitió ampliar y profundizar la mirada del psicoanálisis sobre lo humano y lo político, hasta abarcar las multiplicidades de lo real. Ejemplo de ello es el alarido humano y monstruoso a la vez que proyectan desde sus obras personajes capaces de torturar y amar simultáneamente a sus víctimas. El universo Pavlovsky incluye desde la carcajada hasta el horror.
 
(Fragmento del prólogo de Eduardo Pavlovsky: "Soy como un lobo, siempre voy por el borde", el libro de entrevistas con el autor de Potestad o Sólo brumas, que tuve el privilegio de escribir y publicar en Capital Intelectual, en 2008)

lunes, 28 de septiembre de 2015

NOMEOLVIDO

"Por cada armenio masacrado, una canción; porque la canción es el idioma del armenio...", entona con desafiante convicción Kalusd Jensezian, en el papel protagónico de Nomeolvido, la obra poético teatral concebida y dirigida por Herminia Jensezian, que cuenta con la deslumbrante participación del bailarín y actor Vahram Ambartsoumian y que puede verse los sábados a las 18 en el Teatro Tadrón.

En el año del centenario del genocidio que en 1915 perpetró el Estado turco contra un millón y medio de armenios, este espectáculo es una metáfora que no necesita reiterar un relato histórico suficientemente conocido aunque deliberadamente silenciado. La palabra poética de distintos autores armenios en boca del actor y la expresiva coreografía a cargo de quien es actualmente primer bailarín del Teatro Colón bastan para condensar la fuerza de un reclamo ante el crimen que, como todos los de lesa humanidad, sigue cometiéndose, una y otra vez, cada día que pasa sin ser reconocido por los culpables, sin que los mismos sean juzgados y condenados y sin que las víctimas sean resarcidas. Claro que la vigorosa interpretación de Jensezian y Ambartsoumian se inscribe, con el rigor de una partitura, sobre la trama musical que articula fragmentos de distintos compositores armenios y con la atmósfera que crean esas sonoridades y el impecable diseño lumínico de Herminia Jensezian.

Hablada y cantada en idioma armenio (que esta cronista no comprende), la obra podría prescindir de la traducción castellana proyectada sobre una de las paredes de la sala sin que se debilitara la potencia dramática y los contenidos esenciales que comunica. Con sobrios recursos escénicos (ropas vacías de los cuerpos que las habitaron, cartas y fotografías amarillentas, hojas sueltas de periódicos) queda expuesta la tragedia que corporizan dos intérpretes innegablemente consustanciados con lo que enuncian.

La sobria desnudez elegida por la dirección escénica como registro estético no sólo refuerza cada una de las referencias históricas aludidas sino que produce un efecto multiplicador de significados. Nomeolvido expresa la promesa de mantener viva la memoria de todos los muertos, desplazados y desarraigados por los actos de barbarie asesina consumados por el poder. Así, en los escasos cuarenta y cinco minutos que dura el espectáculo, es posible descubrir, sin necesidad de alusiones explícitas, que hay una conexión directa que vincula todas las violencias genocidas independientemente de su geografía y de su tiempo. Es que en la voz de Kalusd Jensezian y en el cuerpo de Vahram Ambartsoumian cantan también los pueblos originarios de América, cantan los millones de judíos de la Shoá, los palestinos masacrados y expulsados de su tierra por Israel, los desaparecidos por las dictaduras cívicomilitares de los 70 en América latina, los 43 de Ayotzinapa, los náufragos y desplazados por guerras y hambrunas que escapan desde Siria, desde África y desde cualquier lugar del mundo donde la codicia y la prepotencia de unos pocos resuelve aniquilar mayorías que incomodan sus intereses. Y ese canto es la garantía de supervivencia de los pueblos porque contiene su identidad. Basta con un sobreviviente que lo cante para que la memoria de los muertos vuelva a martillar las conciencias de los verdugos. Así, hasta la verdad y la justicia. Lo anuncia el personaje de Nomeolvido:
"Esta es la canción de mi papá. La cantaba cuando lo llevaban en las caravanas de la deportación..., la siguió cantando después también... Un día le pregunté: ¿Papá, por qué cantas esa canción tan triste? El me respondió con un suspiro profundo: no te preocupes, hijo; todo pasa..., lo más importante sos vos... Luego de la cosecha las espigas desaparecen, y lo que queda es el trigo. Ahí me dí cuenta de que mi papá era la espiga y yo el trigo. Y canté, canté la canción de mi papá..., la canté fuera de mi tierra, en el exilio. Ahora sé que yo soy la espiga, y el trigo, mi descendencia".

Ficha técnica

NOMEOLVIDO
Intérpretes: Kalusd Jensezian y Vahram Ambartsoumian
Textos: autores armenios versionados por Kalusd Jensezian
Selección musical: Vahram Ambartsoumian
Edición musical: Juan Manuel Bevacqua
Voz: Edgardo Kevorkian
Coreografía: Vahram Ambartsoumian
Iluminación y puesta en escena: Herminia Jensezian
Sala: Teatro Tadrón, Niceto Vega y Armenia, sábados a las 18.

miércoles, 26 de agosto de 2015

"Mi patria es el escenario" - Biografía a dos voces de Juan Carlos Gené


 
 
 
Huele todavía a tinta fresca. Acaba de salir de imprenta “Mi patria es el escenario” – Biografía a dos voces de JUAN CARLOS GENÉ. Es el libro que concebí y escribí de común acuerdo con el autor de El herrero y el diablo, Ulf o El sueño y la vigilia. Lo editó Corregidor, lo prologó Pablo Zunino y reúne el resultado de largas conversaciones que mantuve con Juan a grabador abierto, desde 2009 hasta pocas semanas antes de su partida definitiva. Contiene también reflexiones suyas y mías, algunas reseñas de sus puestas, datos obtenidos de su archivo personal que me legó en un acto de generosidad que todavía me conmueve, y una selección de fotografías familiares y de sus creaciones escénicas. Mi objetivo fue dejar un testimonio biográfico de una personalidad irrepetible en el campo de la cultura y el teatro latinoamericanos. No sé si lo logré ni, mucho menos, si está a la altura. Pero hoy soy feliz y lo comparto.
 
 
 
 
Hombre de la escena en el más amplio sentido del término (actor, autor, director, maestro, pensador, fundador de grupos teatrales, gestor cultural), Juan Carlos Gené fue en vida y sigue siendo una personalidad inabarcable. Su riqueza y complejidad artística y humana desborda cualquier pretensión biográfica. Por eso mismo, todos y cada uno de los intentos orientados a retener la huella de su trayectoria vital y artística terminan por ser, desde el más modesto hasta el más enjundioso, tan insuficientes como necesarios.

En este caso, la semblanza del autor de El herrero y el diablo o de Ulf surge de un diálogo amistoso combinado con anécdotas, reseñas de espectáculos, textos teóricos y confesionales, fotos, cartas y testimonios de algunas personas de su círculo íntimo como sus hijos Hernán, Paula y Valeria, o como la actriz Verónica Oddó, su musa y compañera en la escena y en la vida durante sus últimos treinta años.

La serie de encuentros durante los que se amasó la materia que constituye este libro comenzó a fines de 2009 y, en su transcurso, fue la vida misma la que impuso su ritmo a las charlas, a la selección de lo evocado y hasta a los silencios, tanto los voluntarios como los inexorables. En esta última categoría deberá incluirse la interrupción impuesta en 2010 por el afligente diagnóstico de la enfermedad que iba a acabar con su vida un año y medio más tarde. Un paréntesis al que siguió la decisión de reanudar tiempo después las conversaciones con la misma serenidad y generosa aceptación del destino que aplicó a continuar con los ensayos de Hamlet, hasta su estreno en agosto de 2011, y a prepararse y preparar a quienes lo querían y lo necesitaban, para la ausencia final. Ausencia que, a pesar de la comprensible congoja que dejó su partida, es negada una y otra vez en cada homenaje, cada retrospectiva de su vida y su obra, cada edición o reedición de sus textos, cada nuevo montaje de sus obras y cada evidencia del legado dejado por quien ya es un autor, actor, director y maestro de teatro eternamente presente, con categoría de clásico y con presencia y proyección universales.

jueves, 13 de agosto de 2015

¡GRACIAS CIREN!, ¡GRACIAS CUBA!


Quilapayún - Un son para cuba


FIDEL CUMPLE 89 SABIOS AÑOS


¡FELICIDADES FIDEL!
Por Atilio Borón
Mañana, 13 de Agosto, Fidel cumplirá 89 años. Hace un par de años en un evento internacional uno de los concurrentes, angustiado por los pesimistas pronósticos sobre el rumbo de desastre que llevaba la "civilización" capitalista le preguntó al Comandante qué debemos hacer. He aquí su respuesta:
“Aunque nos dijeran que al planeta le quedan 10 años de vida nuestro deber es luchar, luchar hasta el fin. ¿Qué otra cosa podemos hacer sino luchar”?
 ¡Toda una lección que sintetiza aquella máxima gramsciana de pesimismo de la inteligencia, optimismo de la voluntad!
Gracias por tu ejemplo, Comandante, y que cumplas muchos más.

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¡SALUD, FIDEL!

El cumpleaños número 89 de Fidel Castro y las líneas que por ese aniversario le dedica nuestro politólogo Atilio Borón me conmueven por un doble motivo: la trascendencia que el Comandante tiene y tendrá para la pequeña, sufrida y dignísima isla de Cuba y para la historia de la civilización, por una parte y, por la otra, el modo como esta fecha, este personaje y las frases de Borón resuenan en mí en esta particular circunstancia de mi vida.
Decía ayer Borón en su página de Facebook: “Mañana, 13 de Agosto, Fidel cumplirá 89 años. Hace un par de años en un evento internacional uno de los concurrentes, angustiado por los pesimistas pronósticos sobre el rumbo de desastre que llevaba la "civilización" capitalista le preguntó al Comandante qué debemos hacer. He aquí su respuesta: “Aunque nos dijeran que al planeta le quedan 10 años de vida nuestro deber es luchar, luchar hasta el fin. ¿Qué otra cosa podemos hacer sino luchar”? ¡Toda una lección que sintetiza aquella máxima gramsciana de pesimismo de la inteligencia, optimismo de la voluntad! Gracias por tu ejemplo, Comandante, y que cumplas muchos más.”
Hago mía también la máxima gramsciana que propone “pesimismo de la inteligencia y optimismo de la voluntad”, para afrontar en esta etapa una enfermedad neuromotriz degenerativa, discapacitante y de negro pronóstico con la que convivo desde hace dos años y por la que me trata un excelente equipo de profesionales de FLENI pero por la que en Cuba recibí el mejor tratamiento para el optimismo de mi voluntad sin desentenderme ni negar lo que me revela el pesimismo de la inteligencia, en este caso la inteligencia científica.
Mi experiencia en Cuba incluyó un mes de internación en CIREN, un instituto de restauración neurológica donde recibí un tratamiento intensivo de rehabilitación y fisiatría de seis horas diarias de lunes a sábados durante cuatro semanas. Es la misma institución donde se trataron el político radical César Jaroslavsky, el socialista Jorge Rivas o el gran director teatral argentino Alberto Ure, entre otros. A este último tuve ocasión de entrevistarlo cuando yo me desempeñaba como crítica teatral y editora en el diario Clarín. En aquel reportaje que se publicó el 26 de noviembre de 2002, cinco años después del ACV que lo dejó postrado a fines de 1997, decía Ure sobre la cuestión:  "Si algo útil me dejó esta experiencia fue haber conocido Cuba de verdad, no como un turista. Allá, todo ese discurso de las organizaciones de Derechos Humanos en contra de Cuba no prende. Porque allá la gente está conforme". Ure subraya que no hay ciudadanos de primera y de segunda, que en el hospital donde estuvo internado se curaba la madre de un funcionario del gobierno lo mismo que cualquier hijo de vecino. "El derecho a la salud es el mismo para todos, como el derecho a la alimentación, a la vivienda, a la educación. Por eso el nivel de delincuencia es muy bajo, como el de corrupción. La ley es dura para el que afana pero la gente está conforme con que se castigue a los chorros. Porque allá el que es chorro no es por hambre ni por desesperación, como acá.
-¿No hay un reclamo de mayor democracia?
¿Qué van a querer elegir? Son pobres pero lo tienen todo. ¿Te parece que van a querer elegir un modelo como éste, que genera desigualdad, injusticia, corrupción? El sistema de la Revolución no lo permite. No encontrás un cubano que pague o pida coima. Tampoco se generó un aparato burocrático como el de la ex URSS.”

Sobre mi propia vivencia, ocurrida en mayo de este año, dejé mi testimonio que, con el título de “¡GRACIAS, CIREN! ¡GRACIAS CUBA!”, escribí hace dos meses en mi página de Facebook e ilustré con un video que transcribiré ahora en mi blog. ¿Por qué la insistencia? Bueno, porque las cosas que nos pasan, las experiencias que nos dejan su marca en el cuerpo, en la memoria, en las emociones, son más irrefutables que la teoría o el pensamiento abstracto. Claro que el testimonio personal es solo eso, no cuenta con el aval de autoridad alguna y no tiene más confiabilidad que la que se haya ganado quien testimonia entre quienes lo conocen. No importa. Los fundamentos ideológicos por los que admiro profundamente los logros de la Revolución Cubana y de su líder Fidel Castro, pueden ser negados o rebatidos con los argumentos del pensamiento neoliberal. Pero lo que llevo visto y conversado y palpado y sentido a lo largo de media docena de visitas a Cuba como periodista, como enamorada de esa isla, de su gente y, ahora, como paciente de ese sistema de salud de excelencia científica, el más igualitario y el de mayor humanismo que conozco, todo eso, digo, que llevo visto y comprobado constituye un cuerpo de datos experimentales. Datos que objetivan el pensamiento de quienes defendemos un modelo de inclusión basado en el cuidado y el respeto de todos los seres humanos y de su hábitat, frente al modelo capitalista y depredatorio de los grandes centros de poder económico mundial.
Quiero entonces sumar mi voz, respecto de los desórdenes climáticos del planeta y decir con el Comandante que hoy cumple sus sabios 89: “Aunque nos dijeran que al planeta le quedan diez años de vida nuestro deber es luchar, luchar hasta el fin”.
Olga Cosentino

 

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 Cronopiando

Gracias Cuba
 

Para Rebelión

(Dedicado a Mey)

Y sí, Fidel es una de las más luminosas referencias de la historia, de las más dignas, como es Cuba un ejemplo, un gigantesco ejemplo de un pueblo diminuto, de una isla flotando en el Caribe en las mismas narices del Imperio.
Y saberlo y decirlo es para mí, también, una manera de agradecérselo.

Nadie en este manicomio en que han convertido al mundo quienes dictan su destino, disfruta de la cordura de Cuba, de su sensatez y de su juicio, de su capacidad de lucha, de su vergüenza.
Y todo ello cuando aún sin haber terminado de nacer, ya caían sobre ella agresiones, calumnias, sabotajes, pestes, invasiones… Y también el embargo, el aislamiento, el bloqueo… Y también la necesidad de transformar, solo con el empeño, aquel Casino-Hotel Club en un país, después de haber sido, en mala hora, descubierta, convertida a la fe y a la colonia y condenada al monocultivo de un azúcar amargo.

Y Cuba, sin más ayuda que el comercio que durante algunos años tuvo con la URSS en mejores condiciones que la usura habitual del llamado mundo libre, reciclando, reutilizando, apelando al ingenio, cuidando lo que había, cuando andar en Cuba en bicicleta era mofa habitual de quienes han arruinado el planeta y hoy hasta es impresentable una gran capital que se tenga por modelo y no estimule el uso de las dos ruedas sin motor, sin combustible, sin humos, sin ruidos, así es que sigue Cuba.
Apenas ha pasado poco más de medio siglo sin que se desarmaran contra Cuba ni amenazas ni agresiones y, cualquiera que sea honesto convendrá conmigo, en que bastaría cotejar la sociedad cubana con el resto de islas caribeñas después de más de un siglo de progreso y desarrollo capitalista en ellas, para apreciar la diferencia.

Todavía mueren en Cuba recién nacidos, pero en mucha menor medida que en cualquier otro país americano, incluyendo Estados Unidos. Y es verdad, sí, es verdad, muchos edificios en La Habana, para no hablar de Santiago, necesitan capas de pintura para sus fachadas, pero cuando llega la noche no hay un solo indigente en las calles cubanas buscando un portal donde pasar la noche, como tampoco hay una niña sin escuela o un niño sin atención médica.
A diferencia de la democracia mexicana, en Cuba estudiar magisterio y ejercerlo no cuesta la vida; ni el periodismo, como en Honduras, provoca la muerte; ni el sindicalismo mata como en Colombia. En Cuba no se muere de colesterol ni de hambre. En Cuba las artes, la danza, la pintura, no son malas palabras y el teatro tampoco un acertijo. La cultura respira, aunque a veces haya que procurársela asistida.

Cuba nunca es noticia porque sus estudiantes protagonicen matanzas en las escuelas o porque perturbados que siempre actúan solos y al servicio de nadie le pongan la nota de sangre al día. En Cuba no se tortura ni se practica ninguno de los tantos eufemismos y proporciones al uso en Europa y los Estados Unidos, ni aparecen fosas comunes con cientos de cadáveres, ni sería concebible Guantánamo. Tampoco sus policías semejan fantasmas cubiertos de escafandras y armados de armas largas, de perros y caballos. Hasta me atrevería a asegurar que en Cuba la policía parece gente, ni siquiera llevan pistola.
Durante todos estos años en Cuba se ha ido minando, se sigue en ello, la xenofobia, el racismo, el machismo, todos las ancestrales mentiras que nos impiden reconocernos como iguales, y en todas esas luchas de largo recorrido los progresos de Cuba son notables. Las comparaciones también ayudarían a entenderlo.

Y, a pesar de las limitaciones, de sus pocos recursos, Cuba ha impulsado proyectos tan hermosos, (casi iba a decir “cristianos”) como una universidad de medicina en la que formar gratuitamente a miles de estudiantes latinoamericanos sin recursos, y escuelas de arte, de cine, gestionadas con los mismos fines. Y ha tenido arrestos para hacerse presente en África respaldando los legítimos sueños de pueblos sojuzgados por regímenes racistas o combatiendo el Ébola, o enseñando a leer en muchas patrias americanas, contribuyendo a la salud de pueblos vecinos. Y ahí sigue trabajando, estudiando, investigando, haciendo importantes aportes a la salud y educación del mundo y, sobre todo, a los conceptos más imprescindibles para la humanidad: la solidaridad por ejemplo. Cuba ha contribuido más que nadie, lo sigue haciendo, al cuidado de miles de niñas y niños afectados en Chernobil. En el Sahara, aquella colonia que el Estado español vendió a Marruecos con todo y su gente a pesar de haber empeñado su palabra y su compromiso con Naciones Unidas de dejar la República Árabe Saharaui en manos de sus ciudadanos, pues hay miles de saharauis que son conocidos popularmente como “los cubanos” porque fue en Cuba que pudieron crecer, vivir y formarse como profesionales. Es más el castellano de esos saharauis que estudiaron en Cuba que el que sobrevivió a la colonia y la traición española.
Buena parte del sistema de salud de Haití ha estado en manos cubanas mientras el pueblo haitiano espera que le llegue la ayuda económica prometida de la “comunidad internacional”. La misma que ayer estranguló a Haití y que hoy extorsiona a Grecia.

Y si, también es verdad, Fidel dijo una vez que no se hace un paraíso en la falda de un volcán. Yo, más prosaico, agregaría que alguna vez se rompe un plato, pero que lo sepan los necios a los que cantara Silvio, yo no voy de una fábula a llorar un responso, ni acepto un desenlace por una controversia, ni voy por un pecado a ignorar el Infierno, ni por un desatino transijo una condena, que un funeral descargue de culpa al cementerio o que una discrepancia culmine en anatema. Yo no voy de una lágrima a invitar a un sepelio, ni intercambio aspavientos por pagados aplausos ni divinos naufragios por humanas tormentas. No voy de un eslabón a hacer una cadena ni me duele una cruz más que sangra un calvario, ni un rescoldo me inquieta como alarma un incendio o me aflige una cuenta tanto como un rosario y un disparo me aturde más que un parte de guerra.
En fin que, ¡gracias Cuba! Te debo mis mejores sueños.
 

¡GRACIAS, CIREN! ¡GRACIAS, CUBA!

Por Olga Cosentino

 El unicornio azul, así como la cura para esa fascinante enfermedad mortal que es la vida, no existe, aseguran los que saben. Pero buscarlo, dijo el poeta, suele ser una obsesión.
 Casi sin darme cuenta, fui en su busca a una institución cubana de la que tenía buenas referencias. Allí se habían recuperado o mejorado significativamente de afecciones neuromotrices algunas figuras conocidas, como el diputado radical César Jaroslavsky o, más acá en el tiempo, el también diputado por el socialismo, Jorge Rivas, además de otras personas menos famosas y más cercanas cuyos testimonios me decidieron a intentar la experiencia.

 Estuve internada cuatro semanas en CIREN (Centro Internacional de Restauración Neurológica), donde todos los pacientes realizan tratamiento personalizado según sus dolencias, durante seis horas diarias de lunes a viernes y cuatro horas los sábados, siempre con el seguimiento de un fisiatra o kinesiólogo y bajo la supervisión permanente de médicos neurólogos, defectólogos, logopedas, psiconeurólogos y de otras especialidades. Lo intensivo del trabajo restaurativo permite observar una pronta mejoría, cualquiera sea la dolencia. Pero según mi experiencia, es también de una eficacia decisiva el trato cálido, cercano y a la vez respetuoso de todo el personal médico y no médico. Y un plus que, sospecho, forma parte también de las estrategias clínicas de CIREN: la interacción entre los pacientes y sus familiares acompañantes a lo largo de una convivencia prolongada es absolutamente benéfico. Para empezar, nadie puede sentirse un elegido de la mala fortuna y no precisamente porque se refugie en el “consuelo de tontos”. Al contrario, cada quien tiene y manifiesta en el correr de los días, además de su distrofia o su parálisis, una historia personal, una manera de mirar el mundo, unos vínculos, unos sueños y unas aptitudes infinitamente más ricas, complejas y profundas que su puntual dolencia.
 Por mi parte, me sentí amigablemente acompañada por el doctor Amado y la doctora Carmen, por mi kinesiólogo Reynaldo, por las defectólogas Vernis y Tanaisy, por las enfermeras y mucamas, y hasta por el divertidísimo “ambulanciero” Nelson, que cada vez que transportaba pacientes desde o hacia los gimnasios y espacios de rehabilitación improvisaba pasos de comedia desopilantes, canciones y humoradas incluidas. Entre los pacientes predominaban por esos días los latinoamericanos, especialmente los venezolanos, ya que los provenientes de ese país caribeño son atendidos gratis, lo mismo que los cubanos, gracias a un convenio celebrado en 2006 por el entonces presidente Hugo Chávez con Fidel Castro. Pero se han tratado allí italianos, rusos, hindúes y hasta estadounidenses (¡). Si bien los primeros diez días estuve amorosamente acompañada por mi hija Magdalena y en la última semana vino mi amado Guillermo a buscarme, las dos semanas intermedias disfruté las charlas con la bonita e inteligente mexicana Yazmín, con la encantadora venezolana María Eugenia o con el brasileño Enio, amigo personal de Lula y militante de PT, además de las partidas de dominó o ajedrez con otros tantos compañeros y compañeras de tratamiento cuyos nombres lamento no haber retenido. Los sábados por la tarde y los domingos, el descanso incluyó paseos por La Habana Vieja, tardes en la playa, almuerzos y visitas en casa de cubanos amiguísimos y entrañables como Vivian y Mario, Lilian y Jorge o Elio y Elia, todos coincidentes en admirar a Cristina por su coherencia antiimperialista, en no confiar “ni un tantico así” en las verdaderas intenciones de los vecinos del norte y en saberse orgullosamente decididos a sostener y profundizar una Revolución que no solamente garantiza salud, educación, paz y dignidad para todos los cubanos sino que ofrece o exporta solidariamente esos mismos valores al mundo, como lo viene haciendo en Bolivia, Brasil y otras latitudes del continente, así como en los países africanos afectados por el ébola o el analfabetismo o, recientemente, con las víctimas del terremoto de Nepal.

 Por todo eso y mucho más, insisto, ¡gracias, CIREN; gracias Cuba!
 

sábado, 8 de agosto de 2015

SOBRE LA CONTINUIDAD DEL MAL

 Se estrenó en el Teatro Tadrón Siempre estamos en mayo y se repuso Encuentro en Roma, de Jorge Palant
 
 
¿Alcanza con juzgar y condenar a los genocidas, torturadores y apropiadores de bebés? ¿Se hará justicia finalmente si, algún día, se llega a juzgar y condenar a todos los responsables de la dictadura cívico militar eclesiástica que arrasó la república y la sociedad argentinas entre 1976 y 1983? ¿Operó únicamente entre esas fechas aquel artefacto de mal absoluto? ¿Y antes? ¿Y después? ¿Y ahora mismo, no sigue contaminándonos aquel veneno? Y las víctimas, ¿son solamente quienes murieron, fueron desaparecidos o robados al nacer en aquellos años oscuros?

El dramaturgo Jorge Palant viene haciéndose esas preguntas en sus últimas obras teatrales, dos de las cuales se ofrecen los domingos en el Teatro Tadrón: Siempre estamos en mayo y Encuentro en Roma. La primera, un reciente estreno dirigido por Enrique Dacal, hace foco en la destrucción del vínculo padre-hija producido a partir de los hechos que la historia recuerda como la “Masacre de Ezeiza”. El trágico episodio, que tuvo lugar el 20 de junio de 1973 en ocasión de la llegada de Perón al país después de casi 18 años de exilio, fue consecuencia del enfrentamiento entre sectores sindicales de la derecha peronista y las organizaciones de izquierda del mismo movimiento. Enfrentamientos de ese tipo, hay que decirlo, siguen produciéndose entre distintos sectores políticos y económicos, aunque cambiando las balas (y no siempre) por las no menos destructivas armas mediáticas.

Pero el conflicto de Siempre estamos en mayo acerca la lupa a dos personajes que no son necesariamente conscientes de arrastrar el peso de los daños colaterales de aquellas batallas. Lina (sensible trabajo de María Victoria Felipini) es una mujer que vuelve al país para reclamarle a su padre (buena composición de Jorge Capussotti) por el abandono que sufrió, junto con su madre, cuando la estampida de aquel 20 de junio los separó. Que el padre hubiese sido por entonces un sindicalista y su madre una joven militante de la Tendencia, (integrada por organizaciones identificadas con el peronismo revolucionario) no le basta a Lina para explicarse el desapego paterno que sufrió desde niña, al ser llevada por su madre al exilio que les garantizaba a ambas la supervivencia pero la dejó a ella sin padre y sin respuesta a infinitos interrogantes. Preguntas que, en el dramático reencuentro que propone la obra, se van a estrellar contra nuevos y agobiados silencios. Porque nadie quiere recordar aquel trágico junio. De ahí el título de la obra, que evoca una frase de Los días del odio, un texto sobre el desencuentro de padres e hijos escrito por el también autor teatral y crítico Pablo Palant (1914-1975), donde se dice “Siempre estamos en mayo… esperando  julio”, en referencia a la necesidad de saltearse un junio aciago cuya sola mención abre otra vez la herida. Una llaga tan dolorosa para Lina como la decadente vejez de su padre, otrora combativo defensor de los trabajadores y hoy rehén del Dealer (Ariel Ragusa, convincente en el cinismo de su personaje), una suerte de “buitre” devaluado al que se somete.

            La dirección de Dacal mantiene el dramatismo de la anécdota dentro de una contenida tensión, sin desbordes interpretativos. Ese registro actoral permite reconocer en los personajes, particularmente en los protagónicos, una gama compleja de contradicciones y sinsentidos que los abruma y los hace transitar alternativamente por el resentimiento, la culpa y el reproche, en busca de una razón que explique la devastación interior que experimentan. Y en ese desconcierto llegan a entrever que en aquel junio aciago, en las causas que lo produjeron y mucho más en las violencias de la dictadura que le siguieron, tal vez haya estado el detonante de los males que, como una reacción en cadena, diseminaron su estigma a través de generaciones. De las que ellos y hasta el mismo dealer no son más que emergentes individuales de una frustración colectiva.  

            Con parecido abordaje, que inscribe el desgarramiento individual en el contexto de las secuelas de la dictadura de 1976-1983, se repuso también en Tadrón otra obra de Palant: Encuentro en Roma. La pieza se estrenó la pasada temporada y acumula ya varios y merecidísimos premios y nominaciones en distintos rubros. En este caso, el vínculo madre-hija es el síntoma que pone de manifiesto la enfermedad, mucho más abarcadora que el conflicto entre dos personas. En una interpretación descollante que implica una auténtica lección de teatro, la actriz Adela Gleijer es la madre que visita a su hija, una periodista (conmovedora composición de Coni Marino) exiliada en Roma desde que un grupo de tareas de la dictadura allanó el diario de Buenos Aires en que trabajaba, asesinando y desapareciendo a varios colegas. El encuentro de ambas mujeres supone la voluntad amorosa y compartida de restañar las heridas de la separación. Pero el diálogo, postergado durante años, va acumulando recriminaciones mutuas, demandas y entregas afectivas, manipulaciones emocionales y verdades brutales, incompletas o a destiempo. Las réplicas, que hunden su filo sin anestesia en los pliegues de los recuerdos y la conciencia de cada una, dan cuenta de una comprensión muy profunda, por parte del autor, de la naturaleza íntima de sus personajes. Y en este punto, resulta inevitable evocar la profundidad en el análisis de lo maternofilial que supo desplegar en su tiempo el genial Ingmar Bergman, sobre todo en su Sonata otoñal, que interpretaron magistralmente Ingrid Bergman y Liv Ullmann. Una referencia frente a la que no empalidecen estas dos actrices enormes a la hora de comprometerse visceralmente con sus personajes. Por su parte, la dirección de Herminia Jensezian condujo con acierto la dinámica de los cuerpos en escena, las luces y penumbras, la sonorización, los tonos de voz y la gestualidad de las intérpretes, así como las situaciones que se reiteran, con ligeras o potentes distorsiones, y que revelan los quiebres de una memoria rota o negada. 
 
         Como en Siempre estamos en mayo, y como en otras piezas anteriores pero bastante recientes de su producción (La complicidad civil o Madre sin pañuelo, por ejemplo), también en Encuentro en Roma deja Jorge Palant un testimonio teatral de los múltiples, vigentes y no mensurables daños colaterales que, sobre la sociedad, produjo el Estado genocida, y que no acabaron con el fin de la dictadura. Un tema que fue abordado por otros prestigiosos dramaturgos (Roberto Cossa, Tato Pavlovsky, Mauricio Kartun, entre otros) y sobre el que expuso hace unos días, en una contratapa de Página 12, el crítico y pensador Noé Jitrik, bajo el título de Daño. Se trata de un texto que recomiendo leer completo en www.pagina12.com.ar/diario/contratapa/13-278590-2015-08-04.html, y que en uno de sus párrafos expresa: Parece obvio, la dictadura causó daño. Se vio mientras estaba instalada y también mucho después, hasta ahora. No digamos la suspensión de las garantías jurídicas y el sistema represivo clandestino, los encierros, la tortura, los asesinatos masivos, el secuestro de bebés, todo el esquema represivo que no sólo quitaba de circulación a presuntos peligros políticos, guerrilleros y todo eso, sino que suspendía al mismo tiempo la respiración de la sociedad, por empezar de los sectores más conscientes, censurados y autocensurados, y luego penetraba solapadamente en el ánimo de los aún menos conscientes, espectadores de un espectáculo incomprensible aunque aceptado como una cuestión de hecho. Dejemos de lado el silencio y la quema de libros así como la salida del país de columnas de exiliados, cargando con una orfandad pesadamente concreta para los primeros, la lista de males, que se suman a los tradicionales y sistémicos, es interminable, difícil es comprender cómo reparar ese daño que se infligió a la sociedad entera.”

       Definitivamente, el debate sobre ese daño no es viejo aunque arranque en los 70 y las cuestiones a debatir no están ancladas en lo sucedido hace casi cuatro décadas sino que permanecen en un presente de impunidades múltiples y de sufrimientos transversales a varias generaciones. Los discursos de la Justicia, de la política y de los medios, salvo excepciones, se han prostituido hasta el vaciamiento, se han vuelto incapaces de reparación alguna. Pero aquí está el teatro, con su voz antigua y siempre nueva. Alguien tiene que intentarlo.

SIEMPRE ESTAMOS EN MAYO
Autor: Jorge Palant
Intérpretes: Ariel Ragusa, Jorge Capussotti, Maria Victoria Felipini
Dirección: Enrique Dacal
Escenografía y vestuario: Jorgelina Herrero Pons
Teatro: Tadrón (Niceto Vega y Armenia), domingos a las 18

ENCUENTRO EN ROMA
Autor: Jorge Palant
Intérpretes: Adela Gleijer, Coni Marino
Dirección, escenografía, vestuario e iluminación: Herminia Jensezian
Teatro: Tadrón (Niceto Vega y Armenia), domingos a las 20